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La vena musical como filosofía de vida

La vena musical como filosofía de vida

Cuando hablamos de aprender a tocar la guitarra no nos referimos a tener como objetivo una carrera musical en la cual tengamos que dedicarnos a estudiar diariamente, publicar en redes nuestros progresos o intentar llegar a final de mes con el único sustento de nuestra guitarra o conocimientos musicales. La realidad es que en la gran mayoría de las ocasiones, quienes empiezan a estudiar música, y en este caso guitarra, no tienen en mente dedicarse profesionalmente a ello. Aún así, son muchas las personas que, habiendo dirigido sus vidas hacia otras disciplinas, empiezan a tocar un instrumento por el mero placer de disfrutar interpretando aquellas canciones que siempre han escuchado y con las que, posiblemente, hayan fantaseado imaginándose encima de un escenario. 

No son pocas las situaciones en las que un alumno viene a clase y me dice: “había tenido una semana muy mala y gracias a la clase la he conseguido olvidar”. Y es que la música, y en nuestro caso la guitarra, puede conseguir algo muy importante: focalizar nuestra atención hasta un punto en el cual logramos olvidar temporalmente todos los aspectos o emociones negativas, haciéndonos sentir plenamente felices. Es cierto que la música puede no ser la actividad más lucrativa pero en lo que sí podemos estar de acuerdo es que nos hace disfrutar como muy pocas actividades lo hacen

Uno de los impedimentos más habituales a la hora de dar el paso de aprender guitarra es pensar que no tenemos mucho tiempo para dedicar al instrumento. Es decir, solemos asociar aprendizaje con un número de horas al día que en realidad no tenemos disponibles. Pero, si sabemos que tocar la guitarra nos gusta desde hace tiempo ¿por qué no ponemos el foco en el placer de aprender a tocar el instrumento que nos apasiona? Para ello, quince minutos serían más que suficientes para conectar con una actividad que llevamos tiempo esperando. Seguramente, si hiciéramos hincapié en el placer de tocar, tarde o temprano llegaría el día en que conseguiríamos estar más de una hora sin mirar el reloj.

Es obvio que aprender guitarra de forma presencial es muy diferente a aprender guitarra online. Para empezar, perdemos la interacción con el profesor/a, aspecto que quita de un plumazo una serie de ejercicios de improvisación muy interesantes de cara a las competencias con el instrumento. Sin embargo, ambas modalidades tienen muchos puntos en común que tienen que ver con la esencia misma del aprendizaje. Y es que una de las claves del aprendizaje consiste en poder decirnos que las cosas se están haciendo como deben ser, es decir, que tenemos en mente un estándar de calidad. Por este motivo, para aprender guitarra debemos tener unos objetivos claros y bien definidos que podamos identificar perfectamente y así tener la certeza de que estamos progresando, ya sea en un ejercicio sencillo y corto como en uno largo y difícil. Aún así, el aprendizaje siempre tiene una serie de misterios que debemos ir resolviendo de forma personal a base de investigar y observar nuestra práctica diaria. Como dijo Kant en su libro sobre pedagogía: El mejor recurso para comprender es producir. Lo que, más o menos, se aprende por sí mismo, es lo que se aprende más sólidamente y lo que mejor se conserva.”

Los pequeños ejercicios nos ayudan a progresar y cumplir objetivos a corto plazo pero nuestra motivación intrínseca y nuestra pasión por el instrumento es la que nos permite mantener la capacidad de estudio y dedicación en el progreso a largo plazo. Como ya dijimos, la repetición sistemática de ejercicios clave nos ayuda a formar automatismos en ambas manos y con ello conseguimos tocar las canciones que nos gustan sin necesidad de estar pendientes de todo sino únicamente de aquello que consideramos imprescindible. En palabras del filósofo Aranguren: El hábito es verdad que quita libertad actual, pero también la da: gracias a la fijación mecánica de una parte de la vida, a la creación de una serie de automatismos, puede el hombre quedar disponible y libre para lo realmente importante.”

Pero para que nos motive repetir, nuestro profesor/a nos tiene que informar de lo que vamos a conseguir con tal o cual ejercicio, es decir, cuál es el objetivo. De esta manera, sabiendo el beneficio del ejercicio, es más fácil que sepamos valorar si estamos cerca de conseguir los objetivos y por lo tanto, mantener nuestra motivación para seguir intentándolo. Cuando algo no sale como teníamos pensado, tenemos la capacidad de repetir poniendo atención en el elemento que no permite nuestro avance. Es decir, siempre tocamos mientras monitorizamos nuestro estudio para saber qué corregir en nuestro siguiente intento, logrando así una versión mejorada de nosotros mismos. Como ya dijo Paulo Freire en su libro pedagogía de la autonomía: Quien piensa acertadamente está cansado de saber que las palabras a las que les falta la corporeidad del ejemplo poco o casi nada valen. Pensar acertadamente es hacer acertadamente.”

Es posible que no quieras conocer el instrumento en profundidad, componer, tocar en grupos o improvisar. Sin embargo, si ya has decidido que quieres que la guitarra forme parte de tu vida, ten en cuenta que con una serie de ideas sobre cómo estudiar de forma eficiente, puedes sentir que progresas sin necesidad de dedicar varias horas al día sino sólo un pequeño momento en el que tú y el instrumento os fusionareis para conseguir un mismo objetivo: disfrutar tocando.

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